domingo, 22 de septiembre de 2013

“Wilhelm Reich: Cuerpo, Energía y Movimiento.” Betina Waissman.



Estoy actualmente trabajando con tres modelos de trabajo corporal, muy complementarios, cada cual con su especificidad.  Nombraré los tres aunque para esta ocasión me centraré especialmente en uno: el modelo Reichiano.  Los otros dos son: el Sistema Rio Abierto  y el Movimiento Auténtico.


Elijo centrarme en el Modelo Reichiano para hablar un poco de Wilhelm Reich, pionero en el terreno de lo corporal en nuestro mundo occidental, y a quien mucho también le debe la Gestalt. Quizás por su trabajo y trayectoria audaz, atípica y bastante revolucionaria,  y quizás también por ser todavía a día de hoy bastante difícil el acceso a sus escritos, Reich ha sido continuamente marginado y olvidado. Mucho de lo que se hace hoy en varios enfoques terapéuticos y especialmente en el campo corporal tienen sus orígenes vinculados a los planteamientos de Wilhelm Reich.

Wilhelm Reich.
Reich, joven discípulo de Freud,  trabajando en la Clínica de éste y contando con su supervisión, empieza a poner su atención no solamente en lo que el paciente dice,  el contenido, sino también en la manera cómo lo dice, la forma.  Aparte de escuchar al paciente, como hacía el psicoanálisis, él empieza a mirar al paciente. Le llama la atención  la manera de ser,  estar,  expresarse, relacionarse del otro y comienza a observar que hay una lógica interna en la manera como cada uno es y se muestra.  Empieza a plantearse que la forma  no solo revela un contenido sino que es en sí misma un contenido.  Esto que para nosotros hoy parece  bastante obvio e integrado  a nuestras visiones del trabajo terapéutico, fue entonces un cambio cualitativo fundamental  planteado por Reich.  Ya aquí podemos intuir el impacto de su trabajo sobre Perls,  quien más adelante sería paciente suyo.  Me atrevería, reconociendo estas semillas tempranas, llamar a Reich “el abuelo de la Gestalt”.



Siguiendo con sus observaciones, Reich llamará  “carácter” a esta forma predominante de cómo cada uno es y se muestra al mundo. Forma  que nos permite funcionar en el mundo pero que también nos aprisiona a una manera repetitiva y previsible de ser. A medida en que aprendemos a ser adultos (habla/lenguaje/comunicación, caminar/motricidad/coordinación, autonomía en cuanto a las funciones corporales, relaciones, etc.), aprendemos también a  defendernos de nuestras heridas profundas y a organizarnos para sobrevivir. Están los que siempre lloran frente a un conflicto, los que gritan cuando se sienten cuestionados, los que sonríen excesivamente,  los que se disculpan en toda ocasión, los que se anestesian desconectándose del sentir, los que siempre entienden todo, etc.  Esto genera una cierta comodidad y seguridad en el vivir pero también limita nuestras posibilidades de experiencia, nuestra vida.


Reich observa que a esta forma de ser corresponde una estructura corporal y sus expresiones: la manera cómo está construido el cuerpo adulto (espaldas anchas o estrechas,  pecho inflado, hundido, plano, musculatura tensa o demasiado blanda, etc) y cómo usamos este cuerpo (ojos que tienden a mirar hacia abajo, o hacia los lados, o fijamente hacia delante, tono de voz, ritmo,  manera de mover los brazos, las manos, tipo de coloración en la piel, sudoración, etc). Plantea que nuestra historia está en nuestros cuerpos, como cada etapa del desarrollo humano está anclada en el proceso corporal, biológico –energético y funcional del crecimiento. Centra su atención en los aspectos repetitivos, previsibles, ya crónicos de nuestra forma, que limitan la plena realización de nuestro potencial y el flujo natural de nuestra energía.  A estos aspectos limitadores los llamamos defensas porque tienen su origen en el intento del organismo de defenderse del sufrimiento.  La capacidad de defensa es una función natural y necesaria para la vida, el problema está en su cronificación como actitud constante y en gran parte inconsciente. Así perdemos la espontaneidad,  la condición natural de transformación continua  y la posibilidad de elegir cuándo usarla o no.



Destacando este aspecto aprisionador y defensivo de la forma, llama coraza caracterológica y muscular a la manera de ser ligada a su correspondiente estructura corporal.



Profundizando su investigación, subdivide la coraza en 7 segmentos o anillos (involucran toda la circunferencia alrededor de la región corporal en cuestión):



·         Ocular (incluye ojos, frente, oídos,  nariz y base del cráneo)

·         Oral (boca  interna/externa, maxilares,  barbilla)

·         Cervical (cuello- garganta)

·         Torácico (pecho por delante , por detrás, laterales y sus extensiones brazos-manos)

·         Diafragmático (toda la región diafragmática y sus inserciones laterales y posterior)

·         Abdominal (toda la región abdominal y su correspondencia lateral y posterior)

·         Pélvico (toda circunferencia pélvica, genitales, periné, ano, y las extensiones piernas-pies)



Esta segmentación de la coraza tiene un sentido básicamente didáctico: nos ayuda a analizar, entender e intervenir en la totalidad caracterial y corporal del paciente. A cada uno de estos segmentos corresponden contenidos y funciones vinculados a las diferentes etapas del  desarrollo y maduración humana.  De manera muy esquemática podemos usar algunos ejemplos de contenido como: el trabajo ocular que enfoca especialmente el contacto (con uno mismo, con el otro); el oral la percepción de las propias necesidades,  su expresión-comunicación o no;  el cervical  el control y la relación entre el pensar y el sentir;  el torácico la identidad, el “yo” y la capacidad de acercar o rechazar lo que se necesita, etc.  Por supuesto hay más elementos y están más interrelacionados de lo que estos ejemplos expresan.  Lo que es importante comprender es que no se debe destruir la coraza, no se puede sobrevivir de manera sana sin una estructuración (a un psicótico hay que fomentarle la estructuración, o por decirlo de alguna manera: “acorazarlo”...).  En palabras de Reich:



“Lo que importa aquí, desde el punto de vista de la economía sexual, no es el hecho de que se ligue en la coraza energía biopsíquica, sino de qué formatiene lugar la ligazón, si con ella se reduce o no la disponibilidad de energía. El objetivo de la higiene mental no puede consistir en impedir la capacidad de formar una coraza, sino solo garantizar la máxima motilidad vegetativa, en otras palabras, la formación de una coraza  móvil.” [1]



Dentro de esta perspectiva se incluye con especial importancia el período fetal-embrionario donde los segmentos ocular, diafragmático y abdominal ya están siendo sensibilizados (el bebé ve y principalmente escucha en el vientre de la madre, el diafragma ya regula la pulsación vital aunque la función respiratoria no esté todavía madura y el cordón umbilical, en la región abdominal, es esencial en toda esta etapa de  formación de la vida).  Reich insiste explícitamente en la importancia de investigar la concepción, gestación, parto y lactancia y de su valor fundamental en todo el trabajo de prevención de neurosis (trabajo con parejas antes de embarazarse, durante y después, acompañando especialmente los primeros años de vida del bebé).

Una característica específica de la visión y trabajo reichiano es el elementoenergético, tanto a nivel diagnóstico como de tratamiento y de visión de salud.  Para Reich el hombre es un ser energético en un universo energético.  La historia individual de cada uno y la necesidad de adaptación a una sociedad desigual y cada vez más alienante, conduce a una limitación de este potencial energético (la coraza caractero-muscular).  Reich se pregunta de dónde viene la energía que mantiene la neurosis y cómo se la puede liberar de la tendencia a la repetición y a la cronificación para orientarla hacia lo nuevo y creador.  En otro tipo de sociedad y en condiciones ideales de maduración, el hombre adulto llegaría a estar siempre presente y consciente del flujo de la vida y del amor.  En los bebés y los niños pequeños esto todavía es bastante visible.  Pero como ésta no es nuestra realidad adulta,  desarrollamos obstáculos a este fluir y son éstos los que se enfocan en el trabajo terapéutico para volver a abrir paso a lo que debería ser natural.



 Lo primero a rescatar será el contacto;  la percepción de uno mismo, de las propias sensaciones y  consecuentemente de la relación con el otro.  En realidad, esto que es lo primero también es un fin,  ya que el que vive en pleno contacto consigo mismo, con el otro y el mundo conocerá genuinamente la libertad,  el amor  y su lugar en el ecosistema que es el universo.  Una persona en contacto será naturalmente  amorosa y respetuosa de la vida, de su propio biorritmo, de los otros,  del planeta, lo que implica también  un cambio social. Reich insiste que la salud del individuo está inevitablemente inter-ligada a la salud de la sociedad y del planeta.



El trabajo terapéutico se apoyará en una lectura (diagnóstico) del potencial energético del paciente: su quantum energético, como está distribuida esta energía, donde están los bloqueos, fijaciones y tensiones principales que condicionan el fluir de esta energía,  a nivel corporal, caracterial y relacional; cómo se vive a sí mismo y a su vida. Esto se hará alternadamente a nivel verbal (análisis del carácter, historia personal) y corporal – energético (masaje, vegetoterapia, campo energético, sensación de órgano), tomando en cuenta la relación paciente-terapeuta (transferencia/contratransferencia). La dirección del trabajo respetará siempre la dirección de la maduración humana: céfalo-caudal (de la cabeza hacia los pies, como en el feto y todo posterior desarrollo infantil hasta la condición adulta).  Se trabaja desde lo actual hacia lo histórico y desde lo superficial (lo que está en la superficie) a lo profundo, o sea, se privilegia el aquí y ahora para entonces verticalizar. Como la memoria intelectual y  emotiva están entretejidas en las células,  en la musculatura y en todo nuestro cuerpo, no podemos trabajar un aspecto sin el otro.  Recordando  que las sensaciones son el estímulo que desencadenan la emoción (emoción = exmovere = moverse hacia afuera),  será a través del contacto y la expresión que restituimos la capacidad de movimiento [2]. Las reacciones vegetativas y la expresión emocional gradual, anclada en el proceso y su elaboración e integración conforman el camino de la flexibilización de la coraza y  de la expansión del ser.



El objetivo del proceso terapéutico será acercarse lo más posible a  la plena capacidad de pulsación del individuo,  favoreciendo un mejor fluir consigo mismo y con el mundo de manera concreta y consciente, con autonomía y capacidad de auto-regulación.  Aquí nos encontramos con otro concepto reichiano fundamental y también muy central para la Gestalt. 



Para Reich, la auto-regulación es una característica de todo el universo y está implícita en la relación entre expansión y contracción inherente a todo proceso de vida.  Reich desdobla estos dos aspectos complementarios en cuatro. Lo llama la “fórmula de la vida” y también la  “fórmula del orgasmo”:

Tensión – Carga – Descarga – Relajación. 

Tensión – Carga se refiere a todo lo que implica concentración de energía,  acumulación, aumento,  y  Descarga – Relajación se refiere a expresión (de “ex – presare”: presión hacia fuera), realización y el consecuente descanso y/o pausa.  Esto se puede observar desde el comportamiento celular, nuestro ritmo respiratorio, hasta el funcionamiento humano, social y de la naturaleza (los comportamientos climáticos, telúricos, etc).  La salud sugiere un funcionamiento armonioso de esta fórmula y las deformaciones: su desequilibrio.  Simplificando mucho podemos pensar en ejemplos como: la pura tensión muscular (carga sin descarga), la dificultad de comunicación y expresión (poca descarga),  consumir mucho y producir poco (desde comida, cosas superfluas a libros, información, etc),  la eyaculación precoz (descarga sin carga sostenida),  los comportamientos rabiosos o histéricos (descarga superficial sin aguantar el aumento de carga), etc, etc.



Otro elemento importante es la visión sobre las resistencias.  Las resistencias son parte del lenguaje de la coraza, tanto a nivel caracterial como muscular, por lo tanto es necesario escucharlas, entenderlas y respetarlas para poder cuestionarlas y generar transformación.  Son señales de cómo se ha estructurado un organismo para poder sobrevivir, resistir a la amenaza del sufrimiento y de la destrucción; son expresiones del miedo en las diferentes etapas del desarrollo. Las resistencias deben ser señaladas pero no deben ser atacadas de manera violenta pues solo generaría más contracción (miedo) y estancamiento.  Para Reich la resistencia es lo que impide el movimiento pero no está asociada al instinto de muerte como lo planteó Freud.  Según Reich no existe el instinto de muerte, lo que existen son las deformaciones del impulso y flujo vital. El paciente resiste porque no puede hacerlo diferente, ya que fue la manera que encontró de sacar adelante su vida y está todavía identificado y fijado a ésta forma. El estancamiento es un intento de controlar el movimiento y organizar la vida posible desde el acorazamiento.  La enfermedad y la muerte no son simplemente oposiciones a la vida sino formas en la que la energía vital  sigue su curso y su transformación a toda costa.  La vida puja por la vida.  Esta clara divergencia en cuanto al instinto de muerte/instinto de vida fue lo que causó la ruptura definitiva con Freud y lo que va a orientar la investigación y el interés de Reich en todas las formas y expresiones de vida.  Desde sus estudios sobre la sexualidad (economía sexual),  la biología (todo su trabajode laboratorio), pasando por su etapa sociológica (análisis del fascismo, movimientos sociales, etc), la preocupación con la prevención y la educación,  hasta sus trabajos finales con la energía, la física,  los fenómenos atmosféricos y partículas atómicas (el “Proyecto Uranur”), Reich se pregunta incesantemente sobre el misterio de la vida y reafirma su compromiso con lo que llama de la vida viva.


“...lo vivo se expresa en movimientos, en ‘movimientos expresivos´. El movimiento expresivo es una característica inherente al protoplasma.” [3].



Como terapeuta corporal: las aportaciones de Reich, el trabajo con el Sistema Rio Abierto,  el Movimiento Auténtico,  el Teatro y la actitud gestáltica me enseñan a estar lo más presente posible en cada momento,  reconociendo y respetando mis limitaciones y las del paciente, ampliando  mis posibilidades de ayuda al otro en su camino de transformación y en el mío personal.





Bibliografía y citas:



[1] Reich, W. -  Análisis del Carácter – pág. 354  edición 1975  Editorial Piados

 [2] Navarro, Federico – Metodologia de la Vegetoterapia-Caracteroanalítica – edición 1993  

       Publicaciones Orgón de la Escuela Española de Terapia Reichiana  (ES.TE.R.)
 [3] idem  pág 364.

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